EDUARDO JIMÉNEZ/ AR8 FOTOS: CARLOS QUEVEDO    EDUARDO JIMÉNEZ/ AR8 FOTOS: CARLOS QUEVEDO  

SUZUKI GSX-250R “DOBLE CARA”

Ha sido concebida bajo una plataforma de enfoque citadino, pero el ADN de la dinastía GSX se ha hecho presente en esta propuesta de cuarto de litro, un producto que puede sorprender a cualquiera

La era que vivimos, sin duda es una de las más interesantes en lo que respecta al motociclismo, donde la cultura vintage ha tomado una fuerza que jamás imaginamos podría ocupar y segmentos como el de las supersport ha perdido fuerza abruptamente, ante la popularidad que han cobrado las naked, fenómenos que difícilmente podríamos haber vislumbrado, pero hoy, son toda una realidad. Como sea, ver una motocicleta carenada, siempre nos hará girar el cuello y preguntarnos ¿A cuánto correrá? o ¿Qué cilindrada es? Pues bien, el caso de esta propuesta de Suzuki seguramente provocará todas las interrogantes anteriores. Dicen que el corazón nunca muere y este refrán cobra más fuerza con esta GSX-250R que precisamente hace valer la energía del bicilíndrico de 250 cc (el de la Inazuma) en una plataforma que, bien vale para un enfoque dual-sport, que para uno citadino, con matices claros de tener la genética GSX corriendo en sus venas. 

Se trata de una motocicleta que estéticamente adopta las líneas de sus hermanas mayores “doble erre” el grupo óptico toma completa inspiración de la GSX-R750R con un par de acentos en LED a los lados, y en la parte trasera, aunque es el mismo piloto que vemos en la V-Strom 250, se integra en la saga de una forma armónica, copiando las líneas de la imponente GSX-R1000. El instrumento hace uso de indicadores en negativo e información completa, que va desde el tacómetro tipo gráfica, hasta el indicador de marcha, sin olvidar el ordenador de abordo con contadores parciales y cifras de consumo real y parcial, así como de autonomía. 

A diferencia de sus hermanas deportivas mayores, ofrece ergonomía y manejo que puede disfrutarse todos los días y esto gracias a una geometría bien pensada, que permite una postura natural, poco inclinada al frente, muy contrario a lo que podría pensarse de acuerdo a su estilo. Esto se logra gracias a los semi-manillares situados por encima de la pletina superior, a los posapies ubicados de tal forma que no exigen llevar las piernas demasiado encogidas y a una altura del sillín adecuada, donde vale la pena resaltar el suave mullido que ofrece. El resultado es el que se espera de una motocicleta urbana, pero a su vez, con la flexibilidad de poderse utilizar con intenciones más deportivas.

Esto lo descubrimos en los primeros kilómetros que rodamos con ella, donde la transmisión inmediatamente avisa una relación distinta a la de su hermana aventurera (la V-Strom 250), por lo que permite extender aún más los cambios y así exprimir aún mejor el conocido bicilíndrico en paralelo. 

FÓRMULA INFALIBLE 

En la ciclística, encontramos el mismo chasís tubular en acero, que ofrece la rigidez que necesitamos para un manejo más exigente, pero que al tiempo, cuenta con la robustez suficiente para resistir el día a día en las urbes más castigadas. En la suspensiones, la horquilla telescópica ofrece un tacto suave, ideal para ciudad, pero tan firme como para poderla conocer mejor en ambientes más dinámicos, algo bien complementado con el monoshock del eje trasero con ajuste de precarga, de hecho, tal fue la respuesta del apartado, que decidimos llevarla al circuito, y aún pese a las condiciones climáticas, pudimos conocerla bien. Nuevamente los neumáticos instalados de serie sorprenden por el excelente agarre que ofrecen en superficies tanto secas, como húmedas, aún, pese a estar formuladas para el uso diario. 

Todo funciona como lo esperas. El motor, es cien por cien progresivo, y no explota en ningún régimen, no obstante, su mejor sabor se percibe a las 7,500 rpm, justo 500 vueltas por debajo de su entrega de potencia, anunciando un corte de encendido a los 13,000 giros y esto lo conoces muy seguido debido a la antes mencionada entrega tan lineal. Si, es progresivo, pero con un tacto tan suave y elástico, que permite ser llevado a –casi- cualquier régimen. Los consumos se mantienen siempre óptimos, y esto también gracias a su arquitectura bicilíndrica, que exime esfuerzos innecesarios, donde los de un solo pistón de baja cilindrada muestran con facilidad fatiga tras un largo día de pruebas. ¿Qué pasa con las frenadas? aunque nuevamente Suzuki ha optado por no ofrecer el ABS como equipamiento de serie u opcional, el apartado firmado por Nissin responde a nuestras necesidades con seguridad. Con una pinza de dos pistones paralelos al frente y otra de pistón sencillo detrás, el apartado actúa suficiente de acuerdo a las prestaciones del conjunto

NUEVO ACIERTO

Es cierto que vivimos una realidad con ten­dencias que, para las citadinas, populariza los bloques de 300 cc, sin embargo, la GSX-250R cumple con los objetivos que el usuario de este segmento busca: comodidad, econo­mía, deportividad suficiente y excelente apariencia. No es una motocicleta briosa, pero te aseguro que tampoco de aburrirás a bordo de ella. Y en definitiva, ha logrado enaltecer las prestaciones deportivas que la incomprendida Inazuma siempre quiso tener. Se extraña ver un escape 2-2, pero es cierto que el sonido de este 2-1 ofrece nos ha gustado más. Esperamos que pronto los de Hamamatsu ofrezcan una versión con ABS más allá de la opción cromática de MotoGP que actualmente disponen, una que por cierto no eleva su precio (103,990 pesos para hacerte de esta cuarto de litro) como si ocurre en otros modelos.

 

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